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RELATO DE EL PRIMER DÍA QUE MONTÉ EN UNA AMBULANCIA

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Autor Santiago Lasa López                                                             

 

Alumno 

 

Modalidad e-Learning 

 

Voy a relatar mis sensaciones el primer día que me monté en una ambulancia 

 

Antes de ser Técnico en Emergencias estuve un año atendiendo los teléfonos y las emisoras de DYA Navarra. Era el responsable de movilizar todas las ambulancias y vehículos de rescate de Navarra. Estaba acostumbrado a cierto nivel de estrés al tener que movilizar varios vehículos a la vez, que estaban interviniendo en accidentes graves y coordinarlos con bomberos policía y hospitales.

 

Pero esa experiencia no tenía nada que ver con ir montado en una UVI. Mi primer día tenía mariposas en el estómago, no podía estar sentado mucho tiempo, estaba en la sala de las emisoras esperando la llamada que activara mi ambulancia. Cada vez que sonaba el teléfono me daba un vuelco el corazón y cuando era otra unidad la que salía me sentía aliviado. Tenía un sentimiento ambivalente, por una parte estaba deseando salir con la ambulancia pero por otra tenía miedo de no saber hacer mi trabajo.

 

Por fin llega la llamada que activa mi unidad, nos dirigimos al lugar rápidamente y las mariposas del estómago dan lugar a un temblor incontrolable, lo único que pensaba en ese momento era ¡que no se me notara el nerviosismo!... Al final, la urgencia no era importante, así que sensación de alivio…

 

Después de toda la tarde atendiendo cosas poco significativas, al final llega la de ¡verdad¡ un precipitado, es decir, una persona que se había tirado desde un piso a la calle. Durante el camino iba repasando mentalmente la forma de purgar un suero y el lugar de los diferentes materiales. Cuando llegamos al lugar, no sabía qué hacer, había un chico joven en el suelo y sangrando abundantemente, no respiraba y no tenía pulso…busqué con la mirada a mi monitor de prácticas para que me indicara que tenía que hacer. Empecé a purgar sueros siguiendo sus indicaciones, tardé en hacerlo algo más de lo habitual, peo mis manos no temblaban, los nervios habían desaparecido y me concentraba en hacer mi trabajo lo más rápido posible.

 

Después de preparar el material no sabía que más se necesitaba, así que le dije a la persona que estaba ventilando con el ambú me dejara hacerlo a mí, pensé que sería más útil ventilando que estar parado sin saber qué hacer…

 

La situación del joven era crítica, el médico me preguntó si quería “machacar”, es decir, hacer las compresiones torácicas, me puse a ello con su supervisión y me fue dando las indicaciones oportunas, después de un rato me dijo que lo dejara, el joven no reaccionaba y no había nada que se pudiera hacer.

 

De regreso a la base, mis sensaciones no eran buenas, estaba triste, sin ganas de hablar con nadie, y con la cara de la persona fallecida en mi mente. Pensaba que mi actuación había sido un desastre, me había quedado sin saber qué hacer, necesitaba que me dijeran las cosas para hacerlas…¡ un día para olvidar¡...

 

Mis compañeros iban comentando la actuación, hablando de lo que había pasado e incluso alguno tenía ganas de bromear. El médico me felicitó por mi actuación, me dijo que para ser mi primera vez lo había hecho muy bien. Cuando llegamos a la base mi estado de ánimo había mejorado un poco, la verdad es que en ese momento aprendí una cosa y es que cuando se hablan las cosas uno siente que se quita un peso de encima y al bromear en el fondo lo que haces es eliminar las cosas negativas y prepararte para la próxima urgencia, porque no puedes ir a atender a una persona si llevas el lastre psicológico de la anterior.

 

Esto pasó hace unos quince años, pero todavía lo recuerdo como si fuera reciente y la cara del joven sigue en mis recuerdos y creo que no lo olvidaré nunca. 

 

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