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La intoxicación por monóxido de carbono (CO) es una grave afección que se produce como consecuencia de la inhalación de este gas tóxico generado en la combustión incompleta (braseros, caños de escape, entre otros). Dado que el CO se une en forma irreversible a la hemoglobina de la sangre, se impide el trasporte de oxígeno con alto riesgo de complicaciones cardíacas y neurológicas.
Los auxiliares de enfermería deben tener presente esta forma de intoxicación inhalatoria que se sospecha en personas que han permanecido encerradas en un entorno calefaccionado; por tanto, es más frecuente en ancianos y niños, así como en situaciones de hacinamiento. Ante la llegada de un enfermo con presunción de intoxicación por CO, el auxiliar participa en la estabilización inicial, bajo la supervisión de médicos y enfermeros diplomados. Se procede a asegurar una vía aérea permeable, la presencia de un acceso venoso y la obtención de una muestra de laboratorio para determinar la concentración de carboxihemoglobina en sangre.
Al tiempo, se inicia la principal medida de tratamiento, que consiste en la administración de oxígeno al 100%, para desplazar al CO de su unión con la hemoglobina. Se recomienda conservar al paciente en posición semisentada, con un ángulo de unos 30 grados, con la meta de reducir el riesgo de edema del sistema nervioso central. Se propone al auxiliar monitorizar los signos vitales con una frecuencia establecida por sus superiores, para lograr un seguimiento estricto del enfermo.